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| Bailando milonga en Lavalle |
El cruce de Florida con Lavalle, en Buenos Aires Centro, un
sábado a mediodía, al solecito de una primavera que madura, es un lugar
perfecto para bailarse un tango. En realidad, cualquier cruce, cualquier
rincón, cualquier entreplanta de Buenos Aires es un lugar para escuchar tangos,
para moverse a ritmo de milonga. Los viajeros han llegado a la ciudad del Río
de la Plata, que es descomunal, y es movida, y da la imagen de lo que debe ser
una gran ciudad humana. Todo el mundo ríe, acude al teatro haciendo larguísimas
colas, y se pasea por esa Avenida 9 de Julio que es probablemente la calle más
ancha del mundo.
El viajero viene decidido a escuchar tangos, a merodear en
el mundo nocturno de los clubes y los cafetines. Y aunque está pocos días, al
fin lo consigue. De entrada, una velada en la sala Piazzolla , que
está en los bajos de la
galería Güemes , entrando por Florida. Nunca verá nada igual,
eso es seguro. Después de cenar, entre paredes y cortinas de terciopelo rojo,
se desgrana lo más sagrado del sonido bonaerense, desde Troilo a Piazzolla,
desde Goyeneche a la
Rinaldi. Y cómo bailan esas criaturas: parecen volar. Otro
buen sitio para escuchar música y ver danzas es “Señor Tango” en el 1655 de
Vieytes. En Buenos Aires hay un centenar de salones-teatro donde todas las
noches dan espectáculo: nadie puede irse sin disfrutar de alguno.
