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| En el gran zoco de Túnez |
Como
algunos saben que soy muy viajero, me preguntaba el otro día en la Televisión
local la estupenda periodista que es Estefanía Nussio por las raices alcarreñas
que encuentro en mis viajes. Y así, de golpe, me soltó la presentadora “¿y en
Túnez, qué huellas alcarreñas has encontrado?” Pues pocas, es la verdad, pero
aún hay algún recuerdo por ahí flotando, para el que quedan posibilidades de
afilarle la punta y memorar la Alcarria, y los alcarreños, mientras se pasea
por Túnez.
Una
carta le escribí a mi hijo al volver de un viaje que hice por allí, en
Noviembre de 1990. Era de este tenor:
Querido
Alfonso:
Acabo de
llegar a Túnez y están los ojos, mis ojos, haciendo guiños de cansancio. Las
aguas del golfo de Túnez tienen, todavía en Noviembre, una luz y un brillo
especiales, como de plata pulverizada o cortada en prismas diminutos.
Te escribo
desde la habitación de un hotel, el "Abu Nawas", que ha construido en
la misma orilla del lago la KREIC (la Compañía kuwaití de inversiones
inmobiliarias), y que es ahora mismo el más lujoso hotel de todo el Magreb,
donde nos han alojado a los 300 participantes en el 33 Congreso de la FIJET,
que durante unos días tratará de "Turismo y Medio Ambiente", un tema
muy de actualidad y en el que probablemente se digan los mismos lugares comunes
que en todo este tipo de reuniones.
