25 de mayo de 2015

Alepo y el norte de Siria

El castillo de Alepo, la Ciudadela con 4000 años de antigüedad
Antonio Herrera Casado – Octubre 1997

Con la Asociación de Escritores de Turismo del Mediterráneo hemos viajado en esta ocasión por el norte de Siria, donde hemos visitado algunos lugares emblemáticos, que hoy están en peligro de desaparición. Declarados por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, tanto la Ciudadela de Alepo como las Aldeas Antiguas del Norte de Siria son desde 2011 blanco de las amenazas del Estado Islámico que allí se ha hecho fuerte.
Desde la capital del estado sirio, el viaje a Alepo es largo y pesado, teniendo a la ciudad de Homs, monótona y enorme, en el centro del camino. Alepo, sin embargo, es uno de esos lugares míticos a los que llegan los viajeros con la ilusión de enfrentarse a la historia de la humanidad conglomerada en sus calles. Y así es, en efecto. Con  ás de 4.000 años de antigüedad, esta ciudad cuenta hoy con casi 4 millones de habitantes, y se encuentra en estado calamitoso, semidestruida por tres largos años de guerra civil.
A nuestra llegada, en octubre de 1997, nos pareció una metrópolis animada, situada a medio camino entre las costas del Mediterráneo  más oriental y el valle del Eúfrates. Más grande aún que Damasco, Alepo se situó en una ruta de caravanas que llevabn y traían productos entre las sociedades mediterráneas (fenicios, griegos) y el mundo persa. Es la Khalpe de los griegos y la Halep de los turcos. Situada a 380 metros sobre el nivel del mar, Alepo nos encantó por la variedad de gentes y aspectos de su urbanismo. No podremos olvidar el zoco, perdido en mil vericuetos por donde pasaban todo tipo de gentes y animales, y donde se vendía todo lo imaginable. Los olores y los sonidos del zoco de Alepo no se irán nunca de nuestra memoria.

El viajero y unos niños sirios que nos acompañaron en la visita

Quizás lo más llamativo de nuestra visita estuvo en la subida a la Ciudadela, un enorme castillo en el que ya en el 2º milenio antes de Cristo hubo un santuario pagano y desde el XIII se levanta este castillo que aquí pusieron los cruzados europeos. Se accede a lo alto del cerro por una escalinata que se alza sobre un puente que cruza el foso que le circunda. Una enorme puerta deja el paso a un pasadizo empinado que va dando continuamente curvas defensivas, hasta llegar a la alta explanada, donde aparece el Salón de Armas, el Salón d eBizancio y el Salón del Trono, más la mezquita que dicen de Abraham, y el anfiteatro de origen griego. Sus dimensiones son espectaculares y sin duda puede decirse que esta Ciudadela de Alepo es uno de los castillos más grandes del mundo. Fue restaurada concienzudamente hacia el año 2000 por la “Fundación Aga Khan para la Cultura” y en estos tres últimos años ha sufrido bombardeos, saqueos y destrucciones sin cuento
En Alepo pudimos visitar también un interesante Museo Arqueológico, la gran mezquita del califa Al-Walid, edificada originalmente en el año 715, con su altísimo minarete, más los caravasares y la Madraza Halawiyé, que se levantó sobre lo que en época bizantina había sido catedral dedicada a Santa Elena. Al final, como todos los viajeros hacen, completamos nuestro tiempo de visita adentrándonos en el zoco, en el que compramos, entre otras cosas bastante inútiles, el “jabón de Alepo” que fue el primer jabón sólido que se empezó a fabricar, hecho a base de aceites de oliva y laurel.

Las ruinas de Qal'at Si'man en 1997

Un día después, el grupo de congresistas nos trasladamos a la iglesia de San Simón “el Estilita”, ya casi en la frontera con Turquía, en el norte de Siria. A este lugar se le conoce en árabe como “Qal’at Si’man” (la fortaleza de Simón) y viene a sorprendernos el lujo de su arquitectura, ruinosa pero espléndida, junto con la leyenda de sus orígenes, que se remontan al siglo V, cuando un anacoreta llamado Simón decidió hacer oración permanentemente y subirse a vivir a lo alto de una columna, que primeramente tuvo 3 metros de altura, y luego la elevó a 15 metros. Allí permaneció, día y noche, con lluvia y sol, con enfermedad y en alegría, durante los últimos 37 años de su vida. Venerado como santo en vida, hasta el Emperador Teodosio acudió al pie de la columna a pedirle consejo y admirarle. Desde entonces, millones de personas han peregirnado hasta la sagrada piedra donde San Simón vivió haciendo equilibrios.
El conjunto de los edificios que por entonces, ya en el siglo VII d. de Cristo, se levantaron como lugar de peregrinación, es espléndido, y único. Grandes edificios sin techumbre, muros y puertas, plantas octogonales, arcos solemnes y todo ello decorado con profusión y elegancia, hacen que el viajero no sepa muy bien a qué estilo adscribir aquello, y a qué época. Especialmente la basílica o “martyrium” que rodea a lo que fue columna de San Simón, es de planta octogonal, y de cada uno de sus lados emerge una basílica, todo profusamente decorado, y por la sequedad del clima, perfectamente conservado desde el siglo VII en que fue levantado, y abandonado poco después, a la llegada de los musulmanes procedentes de Arabia.

Los viajeros descansan ante los restos
de la columna donde San Simón el Estilita
pasó 37 años de su vida.



El sol cae, inmisericorde, a media tarde del mes de octubre, y los viajeros se pasean atónitos ante aquellas ruinas, que les parecen colosales, como si las hubieran construido una raza especial de seres ajenos a este mundo. Qal’at Si’man ha sido declarado recientemente “Patrimonio de la Humanidad” por la Unesco, junto con algunas otras aldeas antiguas del norte de Siria. (Nadie sabe, en estos momentos de 2015, qué ha sido de ellas, ante la ocupación del territorio por las fuerzas del Estado Islámico, pero se teme lo peor, por la destrucción a la que están sometiendo a todos los restos de origen cristiano en la zona del Próximo Oriente). Quede constancia de aquel viaje memorable, que junto a otros escritores de países europeos y árabes hicimos en el octubre de 1997. Mi hijo Alfonso y yo disfrutamos y admiramos aquellos restos de la civilización que ya no sabemos siquiera si existen…

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