17 de julio de 2016

Un viaje a Serbia en una primavera lluviosa

Una opción para, dentro de Europa todavía, visitar países con encanto y poco conocidos, es llegar a Serbia, y recorrerla de arriba a abjo. El vuelo debe hacerse, todavía, en dos etapas, pasando por Roma. No hay vuelo directo desde España a Belgrado. Allí arribados, nos alojamos en el hotel Nevsky de la calle Venezia, cenando después en la Skardaninja, que está muy cerca. Nos ponen carnes de todo tipo y aperitivos muy variados. Todo riquísimo pero demasiado abundante. Antes nos hemos dado un paseo por el centro, se llega enseguida a la Plaza de la República, “la plaza” por antonomasia, que está siempre a tope de gente andando o tomando cerveza en las terrazas.

La pechera del Mariscal Tito, en la Casa de las Flores de Belgrado
El miércoles 1 de Junio giramos visita a la ciudad: casa de las Flores y Mausoleo de Tito. Visitamos San Saba en construcción y la primitiva iglesia de San Sabas. La que ahora se construye, enorme espacio vacío, será la más grande iglesia del cristianismo ortodoxo. Luego vamos a la plaza de los Estudiantes y andamos por la calle peatonal Knez Mihailova, animada y bulliciosa, llegando a la fortaleza Kalemejdan, que vemos y finalmente comemos en su restaurante Terasse muy bien. De alli al palacio de princesa Ljbiana que es una gran casa donde vivieron los primeros príncipes serbios, y luego de tomar un refresco en la knez Mihailova otra vez al autobus para tomar un barco que nos lleva a navegar por el río Sabas y por el Danubio, lo que hacemos bajo una gran tormenta y mucha agua. De allí al hotel un rato y finalmente cena en restaurante con música en vivo, donde se canta el que viiiiiva España (entre otras cosas y formando coro con una excursión de rusos).

El jueves 2 de junio amanece nublado y con lluvia ligera. En bus hacia Novi Sad. Paramos en la llanura del Danubio a ver una etno-casa, que es una casita de campo en un pueblo encantador, Moradik, tal como vivían hace un siglo. En esa zona "montañosa" de Furska Gora (en realidad son unas suaves colinas) visitamos el monasterio de Krusedol, del siglo XVII donde vemos su iglesia antigua y la estructura de un monasterio orotodoxo.
De allí llegamos a Novi Sad y ascendemos a pie a la fortalea de Petrovaradin, sobre el Danubio, con vista hermosa. Luego bajamos a la ciudad y la recorremos a pie: tiene una plaza monumental, una catedral católica, siguiendo por la calle principal, llegamos a la catedral ortodoxa, y admiramos estatuas y palacios. De allí viajamos a Sremski Karlovci donde comemos estupendamente y visitamos el centro de esta pequeña ciudad barroca, en la que se juntan una catedral, un palacio episcopal y una facultad de teología, todo ello barroco y ortodoxo. A la vuelta, paramos en una especie de museo apícola interesante, con bodegas y degustación de todo tipo de vinos, especialmente el Bermet, muy afrutado.
Regresamos medio dormidos a Belgrado, y nos deja el autobús en el centro, donde de nuevo paseamos la plaza de la República, la calle peatonal, y bajamos al hotel por Skardeniska, cenamos en el hotel y ya muy cansados a dormir.

La unión de los ríos Saba y Danubio, al pie del castillo de Belgrado.



El jueves 3 junio con las maletas al bus, rumbo a Vrniaska Banya. Antes paramos a visitar Oplena. Y el mausoleo de los reyes serbios. En lo alto de una colina con un bosque de robles. El mausoleo tiene una cripta mortuoria y la iglesia de planta de cruz griega con muros completamente recubiertos de mosaicos maravillosos con los reyes serbios y santos cristianos. De allí vamos a visitar la casa del rey Pedro I con recuerdos de su vida, muy sencilla, y luego en la población visitamos las bodegas reales pues al rey Alejandro le gustaba cultivar vino en este pueblo. Bajamos luego al cercano lugar de Karagiorgi de donde era originaria esta familia de reyes serbios, y visitamos el viejo castillo del que se ha salvado una torre, con recuerdos y una pequeña iglesia ortodoxa con un iconostasio de madera tallada. Allí comemos muy bien y ya se inicia el viaje hacia el sur, pasando por Kralievo y cruzando el río Morava hasta llegar a Vrliacka Banya y nos alojamos en el resort Solaris. Allí visitamos andando el pueblo que es muy bonito, tomamos un refresco en una terraza y visitamos jardines, paseo, bosque, etc. Volviendo a pie al Resort. En total hacemos este día 12 kms. De andar...

La plaza mayor de Novi Sad, capital de la Vojvodina
El sábado 4 viajamos a partir de las 10 a visitar los monasterios de Zica y de Studenica, del siglo XVI. El primero es un gran monasterio muy reconstruido, todo en rojo, bien preparado para el turismo. Es de monjas, y nos lo enseña una muy chiquitita. Vemos el circuito amurallado, se penetra por un tunel que tuvo pinturas, y luego la espléndida iglesia con varios niveles y pinturas. Hay otras iglesias en el entorno monasterial.
Después llegamos a Studenica, tras pasar por el largo cañón o estrecho valle de un río, en unos paisajes espléndidos. La visita la hacemos bajo una tormenta. Es Patrimonio de la Humanidad. Una muralla circular engloba al monasterio, y en su centro la iglesia, dedicada a la Virgen María, con portadas románicas talladas en mármol, y pinturas recuperadas en parte. Allí coincidimos con una boda serbia. Después comemos en la Hospedería del  monasterio, entre monjes, y vuelta a Vrniaska Banya donde montamos en un trenecito, subimos hasta el Jardín japonés y asistimos a un festival de danzas eslavas. Tras tomar un refresco, volvemos andando al hotel.
Total de pasos hoy 12.400 pasos , y 9,9 kms.

El domingo 5 de junio, con las maletas en el autobus, iniciamos viaje hacia Zlatibor... es un viaje largo, en autobús que resolvemos con una parada intermedia en una presa del rio Morava del oeste, en medio del “valle de los reyes”, y seguimos camino hacia la sierra de Zlatibor.
Al fin llegamos tras cruzar un puerto enorme y unas sierras cercanas a la frontera con Bosnia al lugar de Küstendorf, o Ciudad de la Madera, llamado Mecavnik, construida en 2000 por el cineasta serbio Kustorica, para rodar "La vida es un milagro" dedicando casas y plazas a sus amigos cineastas y una cárcel a Bush y Solana. Allí comemos en un comedor al aire libre bajo una tormenta considerable.
De allí bajamos a la estación del tren que cruzaba ese valle, era la línea Belgrado-Duvrocnik, y para poder ascender en poco espacio, se hicieron túneles (22) y muchas revueltas, en forma de ocho, para ascender a la meseta. Nos hacemos fotos y nos divertimos en este bonito viaje en medio de un paisaje de alta montaña.
De allí bajamos a Zlatibor conde nos alojamos en el Hotel Iris, nuevo, yendo a cenar a un restaurante típico con música en vivo. En total hemos hecho hoy 8.753 pasos.

Lunes 6 de junio. Salimos de Zlatibor después de desayunar, regresando al centro de Serbia. Visitamos por el camino un centro étnico muy bien preparado, en el que se han reconstruido casas típicas montañesas, todas de madera, dedicando cada una de ellas a pequeños museos de actividades tradicionales. De allí se lega, siempre bajo la imparable lluvia, a otra localidad tradicional, que una familia cuida con mimo: graneros, la escuela vieja, una cabaña donde comemos… divertido y evocador. Seguimos viaje por el valle del Morava hasta llegar a un lugar donde embarcamos y arribamos, río abajo, al monasterio Nikolaje, donde las monjitas nos reciben, y regalan a cada viajero una estampa de San Nicolás: es un lugar perdido y evocador entre las montañas y ríos de la Serbia profunda.

El grupo de viajeros, en una plataforma sobre el río Morava.

Llegados a Belgrado, de nuevo al hotel Nevsky, descansamos y al día siguiente, lunes 6, nos dedicamos a dar de nuevo vueltas andando por Belgrado: la calle Knez Mihailova, el castillo en el que ahora visitamos sus dos iglesias ortodoxas modernas, y callejeo mientras paramos a comer un sándwich en la Plaza de la República. De allí al autobús y a los aviones, en un viaje de regreso que nos lleva 12 horas….. Ay, las compañías aéreas, los aeropuertos inmensos, los retrasos sin saber por qué, la pérdida de maletas…

12 de junio de 2016

Un viaje en el tiempo

Antonio Herrera Casado  /  11 junio 2016

Vengo del palacio del Infantado de Guadalajara. Vengo de su calle mayor, de los jardines del palacio, de La Concordia, del Jardinillo, vengo de saludar gente y más gente. Vengo de disfrutar una tarde veraniega que ha salido redonda. Al fin Guadalajara, hoy 11 de junio de 2016, ha sido una ciudad viva y palpitante, una ciudad con ganas.
Organizado por el Ayuntamiento de la ciudad, y al objeto de empezar a darle vida al palacio de los duques del Infantado, con el objetivo de que sea declarado (cuando corresponda, porque sabemos que esto va para largo) edificio Patrimonio de la Humanidad, se ha montado hoy una gran performance que ha resultado gratísima. Se han revivido las bodas del rey Felipe II de España, con doña Isabel de Valois, princesa de Francia. Cosa que ocurrió realmente en febrero de 1560.

Para ello, y con el esfuerzo y dedicación profesionales de un amplio grupo de actores, de voluntarios, de aficionados y de entusiastas, bajo la batuta de Abigail Tomey, se ha reconstituido lo que pudo haber sido aquel día invernal de hace ya cuatro siglos y medio:
1º llegada de la princesa a la concordia, hoy un bosque verdadero, pero entonces un erial al que se le pusieron ramas para que pareciera un bosque.
2º subida desde palacio hasta la plaza del Mercado (hoy Santo Domingo) de una delegación real, lo más granado de la Corte, y la familia Mendoza al pleno, para recibir a la princesa.
3º Bajada de la comitiva por la Calle Mayor, desde la puerta del Mercado a la plaza ante palacio. El núcleo del cortejo lo forman los varones del linaje Mendoza, a quienes acompañan entre otros el gran duque de Alba, y por supuesto el duque del Infantado y sus familiares. En la plaza mayor, el Concejo se suma y agasaja. Hay danzas populares y contento general.
4º Llegada al palacio y, arriba, en el salón de linajes, boda de Felipe e Isabel, oficiando la ceremonia religiosa don Francisco de Mendoza, a la sazón obispo de Burgos.
5º Banquete de los principales, y asombro de todos. Después, alegría del pueblo en la calle. Al día siguiente, una corrida de DIEZ toros DIEZ, y durante 3 días, comida y bebida para todos, ante el palacio, en la calle mayor, en la plaza del Concejo…

Todo esto se ha reproducido en Guadalajara este 11 de junio de 2016. Con mucha voluntad, con dedicación plena, con un resultado magnífico de colorido y tempus, medido y justo, sin pasarse en nada, sin que nada falte.
Creo que este tipo de fiestas, que son “revivals” de tiempos pasados, sirven para muchas cosas, además de entretener gratis con un espectáculo al pueblo llano. Sirven para indagar mejor en los documentos históricos y conseguir la mayor fidelidad a los hechos. Sirven para interesar a más gente en los anales pretéritos, e interesarse por su historia, sus personajes, sus edificios. ¡Sirve, incluso, para aumentar el interés por los libros y la lectura!

Entre los protagonistas, buenos amigos, como José Luis Matienzo, revestido de caballero cortesano, y José Luis Gómez Recio, impagable en su papel de obispo burgalés. Muchos jóvenes, como cuadra. Gentes de Guadalajara, el grupo teatral que da vida al “Tenorio Mendocino” y Gentes de Pastrana, con su perfecta organización y sus elegantes trajes de época ¡Hasta la Princesa de Éboli” rondaba ayer por el palacio del Infantado.

Este viaje al pasado, tan concreto en el espacio y en el tiempo, tiene un largo recorrido. El impulso que necesita el Palacio ducal de Guadalajara para sder declarado Patrimonio de la Humanidad, pasa obligadamente por actos como este. No hay que olvidar su mantenimiento día a día, pero en eso está el Ayuntamiento comprometido, y ha empezado a hacerlo muy bien. Por de pronto, este verano habrá conciertos, músicas, teatros y performancers casi a diario, en su patio, salones y jardines. Volverá a la vida. Y, por otra parte, este tipo de actos coloristas, de envergadura, que ocupan la ciudad, que congregan a miles de personas, deben mantenerse, acrecentarse, organizarse y darse a conocer. Guadalajara tiene (siempre lo hemos dicho) tanta historia, tantos méritos y tantas posibilidades, que de una vez por todas parece que va a arrancar. Un aplauso muy fuerte, y adelante con los pendones.


A.H.C.

31 de mayo de 2016

Paseo por el centro de Belgrado

Antonio Herrera Casado  /  31 Mayo 2016

El corazón del Belgrado moderno está sin duda en la calle que ahora piso: en la Ulica Knez Mihailova. La calle que se nombró en honor de su rey Miguel III Obrenovic, príncipe de Serbia, y que tomó la forma y el perfil actual en los años finales del siglo XIX, en torno a 1870, cuando el dominio del Imperio Austrohúngaro por fin dio perfiles de occidentalidad a este territorio que durante siglos había sido dominado por los turcos. El gobierno de la actual Serbia le ha concedido el grado de “Unidad Especial de Gran Importancia histórica-cultural” (1974) y d eesa forma ha conseguido hacerse peatonal en todo su recorrido (que empieza en Terazije y acaba ante las rampas que ascienden al castillo Kalemaiden, origen inicial de la ciudad en la confluencia de los ríos Sava y Danubio.
En Belgrado el “Danubio Azul” al que homenajean los valses vieneses y las zardas de Monti apenas se ve. Es tan llana la planura del norte de Serbia que las aguas se diluyen en el horizonte neblinoso. Pero etá ahí, con sus barcazas surcándole y sus potentes niveles que corren rumbo ya al Mar Negro, deseosos de abrirse.



En la Knez Mihailova se nota hoy el bullicio del inicio de semana. Mucha gente que va a sus compras, a sus negocios, a sus quehaceres. Te encuentras a pie de calle las sucursales de los principales bancos serbios (alguno, muy pocos, occidental) o las dependencias del Instituto Cervantes junto a las del Göthe. Y sobre todo las alusiones a la naciirada, la cultura madre eslava: lava: rl Restaurante Ruski Lartal)les bancos occidentales (scompras, a sus negocios, a sus quehaón admirada, la cultura madre eslava: el Restaurante Ruski Lar, el Hotel Rusia, y el pasaje Nikola Spasic, entre la Academia de las Artes y las Ciencias de Serbia y la famosa cafetería Grecka Kralja (la “Reina Griega”, a la que el año pasado acudió doña Sofía de Grecia, reina de España, creyendo que la habían nombrado así en su honor…)
La Ulica Knez Mihailova es un espacio de poco más de un kilómetro de longitud, animado y rico en contrastes. Hay pobres en las esquinas, como en cualquier occidental que se precie, pero también llegan cochen de lujo a sus bocacalles, y en las boutiques de nombres franceses brillan los productos, inútiles y coloristas, del derroche parisino. La gente habla bajo (cosa que a los españoles siempre nos sorprende) y va a lo suyo. Un café, a la caída de la tarde, en la terraza alta del Kalemaiden, nos deja el regusto del atardecer, que siempre parece lejano, allá sobre las motañas de Bosnia, tintadas de amarillo, o de fuego apagándose.




En todo caso, y ya en la noche, que se presenta tres horas antes que en España, aunque llevemos todavía el mismo horario) nos acercamos al núcloe de Skardarlija, un laberinto de calles estrechas en las que surgen los cafés, los garitos y las tiendas de antigüedades. Un núcloe agradable, también tranquilo, que nos ayuda a iniciar el encuentro con este país, Serbia, al que nunca le habíamos puesto buen cartel, pero que sí lo tiene. Porque está habitado de gentes buenas, que solo quieren ser felices junto a los suyos.

1 de noviembre de 2015

Viaje al románico de Rusia

Parte de las iglesias y monasterios de Suzdal.

Antonio Herrera Casado  /  10 Octubre 1988

La visita de un país grande y pluriforme como es Rusia, integrada hoy en el complejo político de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, tiene numerosos alicientes para quien con ojos occidentales lo mira. Comulga en muchas aspectos de la Europa en que vivimos, y tiene a su vez rasgos fuertes que le ha prestado su carga oriental de cultura y civilización.


     Para el turista que se pasea por Rusia no será el paisaje lo que más llame su atención. Es monótono y repetitivo, llano como la palma de la mano, estepario aunque en ciertos momentos del año, como la primavera y el verano, cubre sus campos de un verdor restallante, mientras que durante el invierno todo se torna blanco y en el otoño las nieblas y la llovizna perenne deja a la Naturaleza teñida de un gris melancólico.


     Las gentes rusas, calladas y amables, educadas y respetuo­sas, dan latido a este país de uniforme concepción social y que, contra la frase habitual, no es de contrastes, sino de una uni­formidad a veces agotadora. En una visita reciente a este hermoso país, nos hemos fijado, con los ojos de quien analiza las huellas del hombre por donde quiera que va, en los aspectos arquitectóni­cos y urbanísticos de las ciudades rusas, y muy en especial de su capital, Moscú.


     La arquitectura tradicional rusa se ha mantenido en muchos lugares. Tras la revolución de octubre de 1917, perecieron nume­rosos templos, palacios y obras de arte que representaban un pasado denostado. Los que se conservaron, han visto hoy restaura­das sus siluetas y revitalizado el esplendor de su primitiva creación. Algunas iglesias, incluso, se dedican al culto, que es denso, popular, emanado del corazón ancestral de un país que acaba de conmemorar el Milenario de su bautismo o cristianización.

Quizás lo más característico de la arquitectura pretérita ru las iglesias ortodoxas rematadas en una o varias cúpulas en forma de cebolla. Decoradas estas cúpulas con tonos azules salpicados de estrellas, o revestidas de chapas de oro, se ven por todas partes. En Moscú, sorprende encontrar en lo alto de la colina del Kremlim un fastuoso conjunto de estos templos, reducto primitivo de la gloria de los zares. En Suzdal, pequeña ciudad a unos 200 kilómetros al norte de la capital, se encuentran a decenas. También en Vladimir las hemos visto, y en pequeños lugares aislados de la estepa, como la del monasterio de Schezno­vo, el santuario de Bogolioubovo y tantos otros.


     El conjunto de Suzdal es impresionante. En un radio que no supera los 3 kilómetros, rodeada de las antiguas murallas, en medio de un paisaje que en octubre ya es blanco de escarchas y de hielos, surge la ciudad que aun posee 50 iglesias diferentes. Títulos evocadores de un pasado piadoso: la catedral de la Nati­vidad de la Virgen centra el Kremlim de este lugar, con muchos detalles románicos, finas columnas decoradas, capiteles en los que apare­cen leones, personajes circenses, cabezas de profetas, etc. En este templo, las "puertas de oro" son los elementos más impresio­nantes del conjunto, con un maravilloso muestrario de la escul­tura bizantina sobre bronce y oro, del siglo XIII.


     Por el resto de la ondulada geografía de Suzdal se extienden salpicados, entre las viejas casas de los artesanos y labradores, los templos de la Entrada en Jerusalem, de la Resurección de Cristo, de San Lázaro, de San Antipas, del Santo Emperador Cons­tantino y Santa Elena, de la Deposición del Manto de la Virgen, o varios monasterios como el famoso de la Intercesión de la Virgen o de Pokrovsky, hoy convertido en entrañable y acogedor Hotel‑ Museo.


La iglesia románica de San Demetrio, en Vladimir.
     Sin embargo, a nuestro parecer, el mas hermoso de los tem­plos de la antigua Rusia se encuentra en la ciudad que fuera durante siglos la capital del país, anterior incluso a Moscú. Se trata de la igle­sia de San Dimitri en Vladimir. En lo alto de la población, junto a la actual catedral, este edificio se alza en solitario, rodeado de arboledas. Fué mandado construir por el zar Vsévolod III, entre 1194 y 1197. Cuando recibió el bautismo este jerarca fué bautizado con el nombre de Dimitri, y en honor del santo levantó lo que había de ser la capilla de su palacio. Se trata de un espacio único, con planta de cruz griega, cubierto de una cúpula central. Sus fachadas son de piedra blanca finamente tallada, divididas en tres parcelas por finas pilastras y rema­tando en semicírculos que en arquitectura rusa se denominan "zakomar". La decoración de sus muros es sor­prendente, toda élla con un aire románico puro, muy occidental, aunque con una riqueza y variedad de temas que hace evocar lo oriental.


     En este templo de San Dimitri, en Vladimir, vemos tallados muchos animales (leones, panteras, jirafas, etc.), entrelazos vegetales, una escena de la "Ascensión de Alejandro Magno" tomada de un popular cantar de gesta medieval, escenas diversas de glorificación del príncipe Vsévolod en la fachada norte, mientras que en la sur aparece el jerarca rodeado de su corte, arrodilla­da, o los trabajos de Hércules, entre éllos la lucha del héroe contra el león de Nemea, mas el Rey David tocando la lira, el Juicio Final, multitud de santos, de profetas, de ángeles, de apóstoles, etc.


     Si no podemos decir que el arte ruso medieval sea muy rico o abundante, sí es cierto que existen suficientes muestras, al menos de la época románica, que justifican el viaje y la peregri­nación cultural en busca de las huellas de antiguas generaciones, tan distintas de las actuales, que dan a la arquitectura rusa todo su valor.